Estilo de vida, Viajes

Mi mochila y yo: Lo que aprendí viajando sola por Europa

Para los que me conocen saben que amo Calle 13 y mi canción favorita es la de La Vuelta Al Mundo, siempre alegra mis días grises, aparte que amo a René también…

Pero bueno, en resumen, hace unos años quise ser una persona súper romántica y cantarle a alguien “Dame la mano y vamos a darle la vuelta al mundo” y el año pasado en un día normal escuché la canción y me di cuenta que: Punto número 1: No soy romántica, punto número 2: No sé cantar y 3: No tengo a nadie a quién cantarle esa canción. ¿Y ahora? ¿Qué hago? Mi sueño fue derrumbado por la triste realidad.

Pero ¡No! Andrea en ese entonces estaba en una etapa de “supermujer” independiente que no necesitaba de nada ni nadie para lograr lo que quería, y en uno de esos caprichos agarré mi tarjeta de crédito y compré el primer pasaje barato que encontrara para Europa.

Segundos después, entré en pánico. ¿Qué acabo de hacer? ¡Ni siquiera sé si tengo presupuesto para ir a Europa! ¿Alemania? ¡Ni siquiera hablan mi idioma! ¿Quién me va a acompañar? ¿Con quién voy a hablar en el viaje? Es un mes… ¿Qué voy a hacer en un mes? ¿Cómo le digo a mi papá y a mi familia? ¿Y si me pasa algo? etcétera, etcétera.

En ese entonces por fortuna tenía un trabajo estable y estaba en la oficina (Se podrán dar cuenta cómo trabajaba) por lo que me levanté de mi silla y me acerqué a mis amigos y les digo “Muchis, no sé qué hice, pero me voy a Europa en un mes… y sola“. Traté de convencerlos y obviamente quién me va a decir que sí a un viaje no planeado de un día para otro, estando en una empresa que te da sólo 15 días de vacaciones y teniendo responsabilidades.

Hasta que al fin me di cuenta que ni modo ¡Andrea para qué te metes a cosas de grandes!

– Mensaje de mí para mí –

El tiempo se pasó rapidísimo y de la nada, ya estaba a un día de irme. Recibí las visitas de mis amigos más cercanos que me ayudaron a empacar, mis papás me hicieron un almuerzo-despedida, las personas me escribían mensajes y me llamaban deseándome suerte… Obviamente me dio mucho más miedo… ¿De dónde viene todo esto? ¡Ni para mi cumpleaños recibo tanta atención! ¿Será que es una señal que se va a caer el avión y todos se vienen a despedir de mí? ¡Realmente no entendía que pasaba!

Fue aquí donde me di cuenta que estamos súper acostumbrados a estar cerca de nuestra familia y amigos, en donde nos sentimos seguros y salir de la zona de confort y lo que es “normal” para muchos, da miedo… Más si sabemos que un ser querido se va del otro lado del charco en donde probablemente va a estar incomunicado por bastante tiempo sin poder recurrir a nadie si llega a pasar algo malo ¿No es para tanto cierto?

¡Adiós mundo cruel!

¡Está bien! Tengo que admitir que soy un poco dramática y al entrar a el aeropuerto me puse a llorar. Pero ¿Cómo no? Jamás había salido del país sin mi familia, iba a estar lejísimos y no quería salir de esta zona en donde me sentía “protegida”.

Mi viaje era larguísimo y por suerte tuve ventana y ningún vecino. Yo soy regalada para dormir así que me disfruté el viaje… Me dormía, veía películas, me acostaba, me levantaba, comía, leía y de la nada ya estaba en España.

Mi primera escala fue en Madrid y para los que no conocen, ese aeropuerto es ¡ENORME! Y yo… ¡Re chiquita!

¡Hola nuevo mundo!

Ahora sí… Después de muchísimos sube y bajas, de pensamientos de miedo, de tristezas… ¡Me sentí feliz! No sé cómo pero ahí estaba, en Madrid, sin la más mínima idea de cómo iban a ser el resto de los días.

Tengo muchísimo qué contarles pero ahorita me voy a enfocar en la experiencia y en otro post les contaré más detalles de cada país que visité y algunos tips para sobrevivir en Europa, sino aquí van a pasar toda una vida leyéndome con mis historias locas.

Pero regresando al tema: Mi primer destino era Berlín por lo que en Madrid sólo pasé un par de horas y no fue tan impactante como fue mi primer día en Berlín.

Al siguiente día con toda la emoción del mundo me desperté temprano, agarré mi mochila, mi pachón de agua y ¡A caminar!

Esta foto la tomé unos minutos antes de perderme en Berlín, sin batería, sin idea de dónde rayos estaba, ni cómo llegar al hostal, cómo usar el transporte público y sin saber a quién pedirle ayuda. Y sí ¡Me perdí el primer día! Y no fue la única vez, me perdí otra vez en Amsterdam, en Polonia casi me deja el bus, estuve en medio de una pelea en el metro, me asaltaron en Praga y absolutamente todo sigue siendo de las mejores experiencias de mi vida entera.

¡Sigo viva!

Y bueno, a pesar de todo, lo logré y no hay mayor satisfacción personal que darte cuenta de lo que que eres capaz. ¡Sobreviví un mes sola sin morirme de hambre! (Bueno, más o menos, tomando en cuenta que me fui en plan mochilera)

Realmente hubiese querido que fuese muchísimo tiempo más, pero al menos aprendí algo nuevo:

Nunca estás solo

Uno de los mayores miedos de todos es la soledad, pero al viajar solo te das cuenta que nuestro pequeño mundo no es nada a comparación del mundo entero. Normalmente cuando se viaja en grupo o con alguien más, nos sentimos cómodos con las personas con las que estamos, pero cuando se trata de viajar solo, tienes que estar más pendiente de quién está a tu alrededor y conoces a muchas más personas de diferentes partes del mundo que puede que nunca en la vida vuelvas a ver, o con las que después del viaje aún tengas comunicación.

¡Las vibras de la gente realmente existen! Supongo que es el mismo cuerpo y su instinto de protección, pero te das cuenta de quién tiene malas intenciones, si no estás en el lugar adecuado, si las vibras son buenas te sientes seguro y ¡En fin! ¡Es cuestión de seguir nuestras corazonadas!

Nunca sabes lo valiente que eres, hasta que ser valiente es la única opción que tienes

No soy de usar este tipo de frases, las siento súper “aburridas”, pero esta frase es la mejor explicación a lo que se siente salir de la zona de confort. Si nunca salimos de nuestra burbujita, nunca veremos qué hay más allá.

¿Cómo te mueves de un punto a otro en transporte público sin entender ni papa del idioma polaco? ¡Ni yo sé cómo lo hice! Nada que Google no sepa cierto, pero ¿Y si no tienes acceso a internet ni llamadas ni comunicación alguna?

Lo único que aprendí es que para llegar a mi hostal me tenía que bajar en la parada “jafhablakjfkjkjnvkañdjfñlkdb” o algo así.

Yo, yo y yo

La mejor cita que tuve en mi viaje fue en un restaurante en Cracovia comiendo una sopa y tomando una cerveza conmigo misma.

La persona que me acompañó a todos los lugares que yo quería conocer y se tomó el tiempo de hacer lo que yo quisiera, fui yo misma. Me recuerdo que lo primero que hice al organizar el viaje fue hacer el booking para ir a Auschwitz, muchos me dijeron que hubieran preferido a ir a otro lugar, que no les interesaba y ¿Qué se supone que hubiera hecho yo si viajo en grupo y ellos no comparten uno de mis mayores sueños? ¿No ir? ¿Adapatarme a lo que todos quieran? ¡No gracias! ¡Nunca me sentí tan “Yo” como cuando tomé esta foto! Miles de sentimientos encontrados, de mí para mí.

La persona que estuvo ahí en días difíciles en donde no me quería levantar porque me estaba muriendo del frío, porque estaba cansada, porque sólo quería ir a tomar un café y sentarme en el parque a ver a las personas pasar, fui yo misma.

La única persona que sentía orgullosa de que me pudiera comunicar con otras personas (Aunque sea con señas) para lograr llegar a mi destino, fui yo.

Y así puedo seguir, pero creo que ya expliqué mi punto y es que nunca me había llegado a conocer tanto como cuando me tocó estar conmigo misma por un mes entero. Y tengo que admitir que me caí bien, soy demasiado cool para viajar conmigo misma.

Mi consejo es que te largues

Independientemente si es al parque de tu colonia, a un pueblo cercano, a unas cuantas horas lejos de tu casa o a otro continente. ¡La única persona con la que pasarás el resto de tu vida es contigo mismo! Por lo menos debes intentar conocerte y amarte y dedicarte tiempo para ti mismo. Es la mejor manera de mantener una relación estable con los años 🙂

1 thought on “Mi mochila y yo: Lo que aprendí viajando sola por Europa

  1. Que excelente post!!! Pienso que vivir más experiencias incómodas son las únicas que nos ayudan a crecer como personas, y es de esas experiencias de las cuales aprendemos y construyen nuestro carácter.

    Saludos!

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